Es muy habitual que quienes vienen a entrenar a mi local me planteen, antes o después, alguna molestia e incluso dolor fuerte en las articulaciones. En muchas ocasiones, puede ser consecuencia de haber realizado mal algún ejercicio o bien de haber forzado las articulaciones en alguna acción cotidiana.

La duda es siempre la misma: ante el dolor, ¿puedo seguir entrenando o no?

Pues como en todo, depende. Y depende, fundamentalmente, de la intensidad del mismo.

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No es lo mismo una pequeña molestia que se puede tratar con ejercicio específicos que un dolor agudo que nos impide incluso hacer vida normal.

Lo que sí es recomendable es acudir a un especialista médico, para que nos diagnostique el motivo del dolor. Y seguir sus recomendaciones.

En general, es importante saber distinguir entre molestia y dolor. Si lo que sentimos es una molestia y en unos días no va a más, seguramente podamos ayudar a nuestro cuerpo a mejorar con ejercicios específicos. La molestia podríamos considerarla un dolor controlado, es decir, en un momento determinado del ejercicio, que nos indica que estamos sobrepasando límites a los que no habíamos llegado. Si lo hacemos con cautela y con la ayuda de un profesional, esto no debería ser un problema mayor.

En caso de sentir dolor al forzar el cuerpo, es una señal de aviso: debemos interrumpir nuestros entrenamientos y ver cuál es el problema. El dolor es algo más agudo, puntual, en ocasiones notamos el momento exacto en el que se produce y sabemos incluso qué lo ha motivado.

Para evitar sentir dolor, a continuación te presento una serie de recomendaciones que te serán de gran ayuda:

  1. Entrena sabiendo lo que haces: no quieras hacer más de lo que tu cuerpo puede y de forma brusca o rápida. Es mejor ir poco a poco que poner al cuerpo al límite porque eso siempre pasa factura.
  2. Sigue las recomendaciones de un profesional a la hora de hacer los ejercicios. Un entrenador personal te guiará en cada ejercicio y te dirá cómo los estás desarrollando.
  3. Dale tiempo al cuerpo a recuperarse: entrenar mucho todos los días no es bueno. El descanso también es parte de entrenamiento y debemos dedicar días al mismo.
  4. Escucha a tu cuerpo: fuérzalo un poco más en cada entrenamiento, pero para cuando veas que no se puede más.

En general, el dolor o la molestia nos está indicando algo: es importante estar atentos a las señales que nos lanza la máquina cada día. ¡A tope!