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EL SIBO

Hola a todos y todas, soy Ester y hoy vamos a hablar sobre un tema que está muy presente en la vida de muchos de mis pacientes últimamente: el sibo.

¿Te ha pasado que después de comer algo súper sano (tipo brócoli, legumbres o una ensalada), terminas infladísim@ como un globo? ¿Sufres dolor abdominal, gases a todas horas o visitas de manera urgente el baño? Pues podría ser SIBO.

SIBO son las siglas en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, que en español sería algo así como sobre crecimiento bacteriano en el intestino delgado. Básicamente, es cuando bacterias que deberían estar en el colon (intestino grueso), se instalan en el intestino delgado, donde no deberían estar en grandes cantidades. Así pues, no se trata de bacterias “malas”, sino de bacterias “fuera de lugar”. Esto provoca que los alimentos fermenten antes de tiempo generando gases y síntomas molestos. 

El SIBO no aparece porque sí. Puede haber varias causas detrás y es importante averiguarlas:

  • Problemas de motilidad  (El intestino no se mueve como debería y eso hace que las bacterias se acumulen). 
  • Cirugías abdominales previas como bypass gástrico o resecciones intestinales.
  • Adherencias o cicatrices internas que afectan el movimiento del intestino.
  • Hipoclorhidria (baja producción de ácido en el estómago), que permite que sobrevivan bacterias que deberían ser eliminadas.
  • Uso prolongado de inhibidores de ácido como el Omeoprazol.
  • Enfermedades como diabetes, celiaquía no tratada, síndrome de intestino irritable (SII), enfermedad de Crohn, esclerodermia, etc.
  • Endometriosis.

Lo complicado del diagnóstico de SIBO es que se parecen mucho a los del SII (síndrome de intestino irritable), la intolerancia a la lactosa o al gluten e incluso a los síntomas de ansiedad digestiva. Por eso much@s andan dando vueltas por años sin diagnóstico.

Los síntomas más comunes son:

  • Hinchazón abdominal: es común escuchar tengo “barriga de embarazada” o “me siento como un globo”.
  • Gases que no se pueden expulsar y eructos frecuentes.
  • Dolor o calambres abdominales.
  • Diarrea, estreñimiento o ambos.
  • Fatiga, niebla mental y ansiedad.
  • Malabsorción de nutrientes (puede causar anemia, déficit de vitaminas, etc.).
  • Mal aliento y a veces olor a huevo podrido de las heces (en SIBO de sulfuro).
  • Intolerancias alimentarias secundarias (fructosa, sorbitol…)

Hay diferentes tipos de SIBO, dependiendo del tipo de gas que producen las bacterias:

  1. SIBO de Hidrógeno: Las bacterias fermentan carbohidratos y liberan hidrógeno. Produce principalmente diarrea.
  2. SIBO de Metano: No es estrictamente SIBO, sino una sobrepoblación de arqueas metanógenas. Suele producir estreñimiento. 
  3. SIBO de Sulfuro: Es el más raro pero el que más sintomatología produce. Fuertes dolores, fatiga, niebla mental… y suele dar un mal olor corporal o en los gases.

Para diagnosticarlo se hace un Test de aliento con lactulosa/glucosa que consiste en lo siguiente:

  • El paciente toma una solución y sopla en tubos cada 25 minutos durante varias horas.
  • Se mide la producción de gases para ver si hay fermentación temprana en el intestino delgado y se reflejan los valores en una curva. 
  • Si aparece un pico de gases tardío, es una fermentación normal en el colon. 
  • Si en tu aliento aparece hidrógeno y/o metano hay SIBO. 
  • Una curva plana en los dos gases puede indicar la presencia de SIBO de sulfuro. 
  • ¡Ojo! A veces da falsos negativos o positivos y hay que valorar los síntomas que se producen durante el transcurso de la prueba también.

El tratamiento del SIBO se puede abordar de las siguientes formas: 

  1.   Con antibióticos (los más usados):
  • Rifaximina (muy usada para el SIBO de hidrógeno).
  • Neomicina (a veces combinada con rifaximina, para SIBO de metano).
  • El tratamiento dura entre 10 y 14 días.
  1.   Terapias alternativas o naturales:
  • Herbáceos antimicrobianos, como el orégano silvestre, berberina, alicina, neem…Pueden ser igual de efectivos, pero tardan más (4-8 semanas).
  • Probióticos específicos, no vale cualquiera y algunos agravan los síntomas si se usan mal.
  • Enzimas digestivas y betaína HCl si hay hipoclorhidria.
  1.   Estilo de vida:
  • Regular el estrés (afecta la motilidad intestinal).
  • Dormir bien.
  • Evitar comidas tardías y picoteo constante.
  • Tratamiento dietético:

La dieta es clave y debe ser personalizada. La más usada es la dieta baja en FODMAPs, que elimina alimentos fermentables que alimentan a las bacterias. El objetivo es “matar de hambre” a las bacterias mientras el tratamiento actúa.  

Por su carácter restrictivo la duración máxima de esta dieta es de 6-8 semanas, no es para hacer de por vida. Son dietas terapéuticas temporales y mantenerlas demasiado en el tiempo puede derivar en deficiencias nutricionales y trastornos de la conducta alimentaria (sobre todo miedo a ingerir determinados alimentos). 

Después de esta fase restrictiva se reintroducen los alimentos ricos en FODMAPs gradualmente, se evalúa la tolerancia y se observa si los síntomas regresan. Se trata de un periodo de ensayo y error que debe ir acompañado de un nutricionista. 

Si el SIBO no se trata, las bacterias pueden seguir alterando la digestión, provocando:

  • Desnutrición por malabsorción de nutrientes
  • Déficit de vitaminas (B12, hierro, A, D, etc.)
  • Desregulación hormonal
  • Daño en la mucosa intestinal, el intestino se vuelve permeable a sustancias dañinas alterando el sistema inmune.
  • Mayor inflamación sistémica
  • Fatiga crónica, migrañas, niebla mental, e incluso ansiedad o depresión

No siempre se puede prevenir la aparición del SIBO pero hay algunas cosas que podemos tener en cuenta:

  • Tratar a tiempo infecciones digestivas o intoxicaciones alimentarias.
  • Evitar el uso prolongado de antiácidos y antibióticos si no es necesario.
  • Cuidar tu salud intestinal mediante una buena alimentación que incluya probióticos y prebióticos. 
  • Comer con calma y masticando bien. 
  • No picotear todo el día y dejar tiempo entre comidas para que se active el complejo migratorio motor que es el “limpiador” del intestino.
  • No ignorar síntomas digestivos recurrentes como el estreñimiento. El cuerpo habla.

En resumen…

El SIBO existe, no es «todo está en tu cabeza». Lo importante es diagnosticarlo bien, seguir un protocolo (que puede ser médico, natural o mixto) y ajustar la dieta temporalmente para recuperar tu equilibrio intestinal. Es muy importante abordar el problema desde raíz y no solo poner parches, así que si te sientes identificad@ con este post solicita ayuda y no normalices la situación. El SIBO tiene tratamiento y se cura. 

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